En lugar de reducir las emisiones de gases invernadero prefieren ensombrecer la Tierra bajo nubes volcánicas
Bill Gates podría ser uno de los actores principales de la trama
Es sabido que las erupciones volcánicas son capaces de reducir la incidencia de radiaciones solares sobre la Tierrra. Se estima que la erupción del volcán Pinatubo, en las Filipinas en 1991, redujo la temperatura de la atmósfera medio grado durante uno año por lo menos.
Con argumentos como este, una poderosa coalición de organizaciones conservadoras planean imponer su solución contra el calentamiento global, que pasa por las erupciones volcánicas simuladas y otras ideas que constituyen lo que se ha llamado geoingeniería.
En sus planes no cuentan con la opinión de las organizaciones ecologistas, sociales y políticas. Sus instrumentos son el poder económico y las sociedades científicas y medios de comunicación que controlan.
Además de las erupciones volcánicas simuladas –que consisten en liberar enormes cantidades de dióxido de azufre en las capas altas de la atmósfera, equivalentes a una erupción como la que tuvo lugar en Islandia durante el pasado mes de abril, realizada cada semana durante décadas–, la geoingeniería propone otras ideas que actuarían sobre el planeta y los bienes comunes de la humanidad –la atmósfera, los océanos, los seres vivosa– con efectos secundarios imprevisibles.
Fertilizar el mar con hierro o poner en órbita enormes espejos son propuestas que hasta ahora eran consideradas meras especulaciones por la opinión pública ingenua, pero amenazan con convertirse en una realidad.
¿Por qué esta apuesta? Porque no implica transformar el actual modelo productivo y económico del que se benefician.
El tema se ha empezado a tomar en serio desde el mes de abril de 2009, cuando al consejero científico del presidente Obama John Holdren se le escapó que la Casa Blanca estaba considerando la geoingeniería como una solución de urgencia. Luego un comunicado precisó que se trataba de opiniones personales, lo que en realidad significaba que los planes no saldrían a la luz pública.
Uno de los máximos defensores del control climático fue Edward Teller, padre de la bomba de hidrógeno y fundador y director de Lawrence Livermore National Laboratory (San Francisco, Estados Unidos), que se dedica al desarrollo de armas secretas. Para más señas, Teller fue la inspiración del loco doctor Strangelove de Stanley Kubrick. Fallecido en 2003, su sucesor es Lowell Wood, con un "prestigio" no menor (suyos son los planes de Reagan de poner en órbita rayos láser alimentados por reactores nucleares para defenderse del comunismo).
Ambos personajes, que se hallan en el corazón del complejo económico-industrial-militar de los Estados Unidos, han trabajado con la Hoover Institution, financiada en parte por ExxonMobil, y cuyo objetivo ha sido negar el cambio climático. Wood forma parte del staff de expertos del George C. Marshall Institute, que fue el centro del negacionismo del cambio climático desde la década de 1990.
Otra organización que impulsa el plan es el American Enterprise Institute, también financiado por ExxonMobil, que ha publicado un ambicioso informe para promoverlo entre las clases dirigentes.
Más allá de las obvias razones económicas y políticas subyacen algunas ideas filosófica: que el ser humano debe dominar la naturaleza, no reconciliarse con ella, y que es omnipotente.
Lowell Wood ha manifestado que la bioingeniería para controlar el clima es la solución inevitable y que es sólo cuestión de tiempo que las elites políticas se den cuenta de su bajo coste y eficacia (o dicho de otra manera, que los político lo acepten bajo el efecto de enormes presiones ideológicas y económicas). Y por supuesto no cree en la capacidad de los gobiernos para llegar a acuerdos para reducir el CO2, lo cual hay que reconocer que está bastante cerca de la verdad.
Asimismo cree que la comunidad internacional no se pondrá de acuerdo para tomar medidas, pero basta que lo hagan las potencias económicas y militares (Estados Unidos, Inglaterra y probablemente China y Rusia). Si esto no fuera posible, Wood cree que la iniciativa privada podría ponerse en marcha por su cuenta. "No hay ley que lo impida", ha dicho.
En el libro How To Cool the Planet, Jeff Goodell revela cenas privadas, celebrada hace un año, entre científicos que apoyan el plan, como Ken Caldeira de la Stanford University y David Keith, de la University of Calgary. El pasado mes de marzo se realizó un encuentro privado de científicos a favor de la bioingeniería en Asilomar (California, Estados Unidos) cuyo objetivo era diseñar las pautas de investigación y prueba al margen de cualquier regulación gubernamental o internacional, de manera que los expertos pudieran trabajar sin obstáculos.
Algunas personas enteradas de la trama creen que Bill Gates podría ser uno de los millonarios que realizara el plan por su cuenta o en colaboración con otras fortunas. Según The Guardian, ha financiado de manera oculta la investigación bajo el consejo de Keith y Caldeira, así como los mencionados encuentros científicos. Gates invierte parte de su fortuna en una firma denominada Intellectual Ventures que promueve un proyecto denominado "StratoShield" cuyo objetivo es la inoculación de dióxido de azufre en la atmósfera. Intellectual Ventures está dirigido por Nathan Myhrvold, ex jefe de tecnología de Microsoft e incluye a Lowell entre sus asociados.
Richard Branson, propitario de las aerolineas Virgin y 360 empresas más, es otro empresario con complejo de mesías cuyo interés en el cambio climático es bien conocido y que también ha colaborado con el American Enterprise Institute.
Los grupos de presión conservadores y las empresas que explotan los combustibles fósiles y que se han dedicado hasta ahora a negar la existencia del cambio climático están sacando a la luz su verdadera estrategia: reconocer el calentamiento e imponer su solución. El reciente cambio de opinión del escéptico Bjorn Lomborg es una pista importante en este sentido.
Con información de The Guardian
Organizaciones conservadoras quieren tomar el control del clima del planeta
lunes 13 de septiembre de 2010Etiquetas: cambio climático, economía, política
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