Lo que contamina una placa fotovoltaica

sábado 31 de julio de 2010

Unas placas fotovoltaicas instaladas en la cubierta de un edificio en Sevilla, Madrid o Barcelona tardarán entre 21 meses y poco más de dos años en generar tanta energía como la que se ha necesitado en su producción. Resulta bastante tiempo, pero es mucho menos de los 25-30 años que el fabricante garantiza que esos paneles seguirán produciendo electricidad de forma limpia a partir de la simple luz del Sol. Estas son estimaciones de la industria fotovoltaica, que asegura que el mito que circula por Internet de que estas instalaciones no compensan todo lo que se contaminan durante su fabricación viene de las primeras placas fotovoltaicas de los años 50, cuando realmente se gastaba más energía en producirlas que la que luego se sacaba con ellas(1). Sin embargo, esta tecnología ha avanzado mucho desde entonces.
Si se cumplen los planes de la empresa valenciana Siliken, este año 2010 comenzará a funcionar en Casas Ibáñez (Albacete) la primera fábrica de silicio para aplicaciones solares y electrónicas del país y entonces se alcanzará un nuevo hito en este sector: se podría cerrar todo el proceso de producción de una placa fotovoltaica en España, desde las minas de cuarzo donde extraer la principal materia prima hasta el montaje final de los paneles.
Hoy en día, esto no es posible todavía. Y eso que la compañía española Ferroatlántica es el segundo fabricante del mundo de silicio metalúrgico (Si), con grandes minas de cuarzo (SiO2) en Galicia, así como Venezuela y Suráfrica. “En cualquier puñado de arena tienes sílice, pero para conseguir la mayor pureza posible de silicio es mejor utilizar directamente cuarzo”, explica Antonio Navarro, director adjunto a la presidencia de Siliken. El silicio metalúrgico que se emplea para aleaciones de aluminio o siliconas tiene una pureza del 98-99%, pero para las aplicaciones solares (el silicio de grado solar) se requiere una ultrapureza del 99,9999999% (nueve nueves). La fábrica de Casas Ibáñez está ya construida y realiza sus últimos ajustes para, a partir de silicio metalúrgico como el de Ferroatlántica, producir silicio con una pureza aún mayor del 99,999999999% (once nueves), la necesaria para poder venderlo también a la industria electrónica para productos informáticos. Por su parte, la propia Ferroatlántica espera fabricar también un silicio para placas solares con un sistema metalúrgico más barato, aunque con algún nueve menos. No hay duda de que existe un gran interés por llegar a producir silicio de esta pureza en España, y no es por los microchips, sino por las placas fotovoltaicas.
Hasta que eso ocurra, la empresa Silicio Solar tendrá que seguir comprando el silicio de grado solar (polisilicio) en Japón y EEUU. Junto a DC Wafers, son las dos compañías españolas que realizan el siguiente paso de este largo proceso: transformar este material de aspecto parecido al carbón, pero de color plateado en lugar de negro e impacto muy diferente, en lingotes de silicio. Luego quedará el corte de lingotes en obleas, la fabricación de las células solares y por fin la producción de las placas fotovoltaicas. Un largo viaje en el que han podido intervenir hasta cinco empresas diferentes. “El impacto del transporte es pequeño, pues una oblea multicristalina es un cuadrado de 15,6 centímetros por cada lado y sólo 200 micras de espesor, lo que significa que un taco de mil obleas son 20 centímetros”, comenta Carlos Relancio, vicepresidente de Silicio Solar, “caben muchas en un camión y eso son millones de euros”.
De acuerdo a la Asociación de la Industria Fotovoltaica (ASIF), que después del desorbitante crecimiento solar en España y su posterior caída, lucha ahora para que la esperada bajada de la prima para este tipo de energía que fije el Gobierno no sea de carácter retroactivo, la fabricación de las llamadas obleas son responsables de entre el 60 y el 80% de la energía consumida en el ciclo de producción. La emisión de CO2 y contaminantes a la atmósfera dependerá del tipo de energía utilizada (siendo menores cuanto más renovables como la solar hayan sido utilizadas). Además, en algunos puntos del proceso se deben tomarse precauciones para evitar afecciones a la salud de los trabajadores.
El resultado son unos paneles capaces de generar electricidad sin generar ningún tipo de emisión o residuo, a partir de los rayos del Sol. Pueden haber sido fabricados aquí en España o en países como China (en 2008 fue mucho mayor la importación y en 2009 la exportación). Como precisa el informe “Compared assessment of selected environmental indicators of photovoltaic electricity in OECD cities” (PDF), promovido por varias organizaciones fotovoltaicas internacionales, el cuánto tarden en compensar la energía (y emisiones de CO2) necesaria para su fabricación dependerá de dónde se coloquen. Si es en una cubierta de Sevilla serán unos 21 meses, pero si es más al norte, en Bruselas, Dublín o Londres, deberán pasar unos tres años. Si se considera que unas placas van a durar unos 30 años, este estudio calcula que una instalación en Sevilla producirá 16 veces la energía gastada en su producción, en Madrid 15 veces y en Barcelona 13 veces. Aunque ASIF asegura que este estudio de referencia se ha realizado con datos de 2006 y cada año que pasa las placas van mejorando su eficiencia.
Claro que para completar el ciclo de vida de estos paneles habría que repasar también qué pasa cuando se convierten en residuos. Hasta ahora, son pocas las experiencias que se tienen, pero a diferencia de todas las otras tecnologías energéticas, la fotovoltaica puede cerrar todo el círculo y volver de nuevo al principio al llegar al final de su vida útil. “Una placa fotovoltaica no está clasificada como residuo peligroso, ni siquiera la de telurio de cadmio, pues el porcentaje de sustancias peligrosas está por debajo de lo regulado por la UE e incluso se está trabajando en la eliminación del plomo de las soldaduras”, precisa desde Bruselas, Virginia Gómez, directora de operaciones y científica de PV Cycle, la asociación sin ánimo de lucro creada en 2007 por los fabricantes fotovoltaicos para poner a punto el sistema de recogida y reciclaje de paneles antiguos en Europa. “Se estima que en 2010 se producirán 7.000 toneladas de residuos de placas fotovoltaicas en los países europeos, pero no será hasta 2020 cuando empiece a aparecer una cantidad verdaderamente grande”.
Una de las instalaciones ya desmontadas para su modernización fue la de la isla de Pellworm, la primera central fotovoltaica construida en Alemania en 1983. Este caso fue particular porque se reutilizaron directamente las células antiguas para fabricar unos nuevos paneles. Según los resultados de la experiencia, la eficiencia conseguida para los nuevos módulos (134 Wp/m2) fue mucho mayor que la de los antiguos (80 Wp/m2), pero menor que unos que salieran por primera vez de fábrica (142 Wp/m2) en el año 2006. Con todo, estos nuevos paneles a partir de células reutilizadas compensarían la energía utilizada en su fabricación en dos años, frente a los siete que tuvo que pasar en su primera vida.
Otra experiencia interesante es la del reciclaje de los paneles de la instalación más antigua de Bélgica, montada en Chevetogne en 1983 y desmontada en 2009. Aquí las placas viejas pasaron por un proceso térmico para separar las células, el vidrio, el aluminio y el cobre. Además, se realizó el análisis de ciclo de vida de todo el proceso para estudiar sus impactos ambientales. De acuerdo a los resultados, el impacto causado por el transporte y el reciclaje fue similar a los beneficios de la recuperación del material en tres categorías de impacto (agotamiento de recursos abióticos, cambio climático y reducción de la capa de ozono), pero muy inferior a otros cuatro (toxicidad en humanos, oxidación fotoquímica, acidificación y eutroficación). De los paneles se pudo reciclar un 72,85% del silicio, con una pureza entre 99,995 y 99,9999). “La energía que se necesita para reciclar es menor que para fabricar un panel nuevo y se puede recuperar el 85% de los materiales”, destaca la directora científica, que precisa que ya tienen una planta de reciclaje en operación en Alemania y otra proyectada en España.

Via El País. EcoLab. Clemente Álvarez

La caja de frutas reutilizable

Una caja de plástico (de polietileno de alta densidad o de polipropileno) puede servir para almacenar cosas en casa, para sentarse encima si se le da la vuelta, para colocar libros si se pone en vertical… O incluso para transportar fruta o verdura desde el campo hasta las tiendas.
Reutilizar los objetos para evitar tener que fabricar otros nuevos constituye una de las reglas de oro del ecologismo, que defiende esta opción antes que el reciclaje. Esto parece coherente, sobre todo, si se trata del tipo de reciclaje en el que un material no se utiliza para fabricar otro igual, sino para transformarse en otro muy distinto que al final de su vida útil ya no se podrá volver a reciclar (como el textil fabricado con botellas de PET). Sin embargo, la reutilización no tiene por qué ser siempre la mejor alternativa. Veámoslo con un envase muy común: la misma caja de frutas.
¿Cuál es la opción más ambiental para transportar productos hortofrutícolas: usar cajas de plástico reutilizables o de cartón de un solo uso? Pues, depende. Un trabajo de investigación de la Universidad del Estado de Michigan (EE UU) comparó estos dos tipos de envases para cargamentos de diez frutas u hortalizas distintas en el mercado norteamericano y concluyó que los de plástico reutilizables requerían un 39% menos de energía, producían un 95% menos de residuos y generaban un 29% menos de emisiones de gases de efecto invernadero. Sin embargo, los resultados fueron totalmente distintos en un estudio que realizaron hace unos años la Universidad Politécnica de Valencia (UPV) y el Instituto Tecnológico del Embalaje, Transporte y Logística (ITENE) para el envío de tomates en camiones refrigerados desde Almería a Hamburgo (Alemania).
Lo habitual cuando se mandan frutas u hortalizas fuera de España es que vayan en "envase perdido" que no va a volver. Ahora bien, los investigadores quisieron comparar los efectos ambientales de enviar esos tomates en cajas de cartón ondulado de un solo uso o de plástico plegables (que se pliegan una vez vacías). En este estudio, las cajas de cartón eran fabricadas nuevas para cada viaje y luego recicladas en Alemania para volver a producir cartón, mientras que las de plástico eran transportadas de vuelta a España para reutilizarlas de 5 a 100 veces. La conclusión principal fue que el impacto ambiental del envase de cartón ondulado de un solo uso era menor que el de plástico reutilizable en seis de las diez categorías analizadas (entre ellas, la del cambio climático), incluso considerando la hipótesis de las 100 reutilizaciones de las cajas de plástico.
En cada uno de estos estudios los resultados fueron completamente distintos. De esto se pueden deducir dos cosas. Primera: las conclusiones de los trabajos basados en el Análisis de Ciclo de Vida (ACV) dependen mucho de dónde, cómo y quiénes lo hagan. Y segundo: las cajas de plástico reutilizables o las de un solo uso de cartón no son mejores o peores por sí mismas, sino que resulta también clave lo qué se haga con ellas. ¿Qué es lo que determina que sea preferible un sistema de envases reutilizables o de un solo uso?
Como explica Mercedes Hortal, responsable del Departamento de Sostenibilidad de ITENE (un centro tecnológico de Valencia en el que participan numerosas empresas del sector), el que la balanza se incline hacia un lado u otro depende de diversos factores, siendo el principal la distancia de los desplazamientos. El utilizar envases reutilizables para enviar un producto a 2.457 kilómetros, como los tomates a Alemania, aumenta de forma considerable el impacto del transporte, pues las cajas reutilizables suelen ser más pesadas y voluminosas, además de tener que traerlas de vuelta (lo que supone un mayor consumo de carburante aunque se aproveche la vuelta de camiones vacíos).
Lo cierto es que el ejemplo del tomate tampoco ha sido escogido al azar, pues se trata de la hortaliza que más se exporta desde España, por delante de la lechuga, el pepino o el pimiento. Aunque, los resultados serán muy diferentes en otros escenarios en los que los desplazamientos sean más cortos.
Otro tipo de envases en el que existe mucha controversia es el de las bebidas y los refrescos. Hoy en día, sólo se reutilizan ya en España botellas en el llamado canal Horeca, que incluye unos 300.050 puntos de venta de hostelería, 243.000 bares, 82.000 restaurantes o 15.200 cafeterías. A diferencia de otros países europeos, aquellos otros envases comprados en el supermercado no pueden devolverse como antaño para que sean reutilizados y deben tirarse al cubo amarillo para enviarlos a una planta de reciclaje. ¿Es mejor una botella retornable que otra de un solo uso que sea triturada y fundida para crear una nueva? Pues, como incide Hortal, la respuesta vuelve a depender mucho de los sistemas de recogida y del número de kilómetros que tengan que realizar los camiones desde los puntos de consumo hasta las plantas embotelladoras de cada marca. “No hay verdades absolutas, cada caso es distinto”, comenta.
En esta comparativa también se debe tener en cuenta que el envase reutilizable debe ser fabricado para aguantar mucho más que uno de un solo uso. Esto significa a veces recurrir a materiales con un mayor impacto ambiental, como ocurre con el plástico, frente al cartón o la madera. O a envases más pesados y voluminosos, lo que implica un mayor gasto en recursos, tanto en la fabricación como en los desplazamientos. Esto puede apreciarse también de forma clara en el peso y grosor de botellas de vidrio retornable servidas en un bar. Y, como incide la responsable de Sostenibilidad de ITENE, "tampoco hay que olvidar que de la robustez del envase dependerá que no se pierda o se estropee producto en el viaje”.
A mayor resistencia pues, mayor será el gasto de recursos, pero también el de reutilizaciones, un factor clave en estos estudios. Como destaca Hortal, lo peor que puede pasar es que un envase diseñado para cien reutilizaciones se rompa o se extravíe cuando sólo lleva cinco. Esto último puede ocurrir por muy diversos motivos, pero en algunos países, puede darse también por causas muy diferentes a las de su uso normal, como cuando se pone de moda incluir alguna caja de fruta o de botellas de leche como parte del mobiliario de las casas.

Vía El Pías. EcoLab. Clemente Álvarez

La nueva etiqueta energética

Pocas medidas en Europa han sido tan efectivas para mejorar la eficiencia de los aparatos como la etiqueta energética que acompaña desde 1992 a los electrodomésticos. Tanto que la UE ha ampliado su uso para otros productos (como televisores, ventanas o neumáticos) y ha tenido a la vez que cambiarla para adaptarla a los grandes avances en la reducción de consumo de frigoríficos, lavadoras o lavavajillas. La letra A que marcaba la mejor opción en los años 90 ha sido ampliamente superada por la tecnología en algunos equipos. De hecho, desde este 1 de julio ya no está ni siquiera permitido sacar al mercado frigoríficos o congeladores con una eficiencia inferior a la clase A. En realidad, era ya difícil encontrarlos.
Con la nueva etiqueta energética aprobado de forma reciente por la UE, ahora la máxima categoría en baja consumo para un aparato será A+++ (lo que se pronuncia A plus, plus, plus). Esta es una de las novedades de un sector, el de los electrodomésticos, que se ha convertido en un ejemplo de innovación tecnológica en eficiencia y que investiga ahora también en otros campos interesantes, como la posibilidad de que el propio operador del sistema eléctrico desconecte o reduzca a distancia la potencia de los electrodomésticos de los particulares cuando suba mucho el consumo. Con todo, surgen algunas preguntas: ¿Cuál ha sido la verdadera responsabilidad de la etiqueta en estos avances? ¿Cuánto más se puede aumentar la eficiencia de estos electrodomésticos? ¿Hasta qué punto estas mejoras sirven para reducir el consumo de las familias?
En la nueva etiqueta energética, que los países europeos deberán ir incorporando, se introduce más información y se añade a la escala de letras existente tres categorías más: A+, A++ y A+++. Las dos primeras ya se utilizaban para frigoríficos y congeladores domésticos, pero se incluye una tercera. Además, la idea es que para cada tipo de aparato la etiqueta incluya sólo las siete categorías más eficientes disponibles, adaptándose a su vez los colores (el verde oscuro para la clase más eficiente y el rojo para la que menos). Suena bastante raro tener que recitar tanto “plus” para referirse a un frigorífico, pero ésta ha sido la solución finalmente elegida en la UE tras un largo debate de más de un año en el que se rechazó el reescalado de las letras actuales y otro tipo de clasificaciones en las que se introducían números (cuyo valor iba aumentando según mejoraba el índice de eficiencia).
“Los fabricantes no queríamos un reescalado, hubiera sido una hecatombe que de la noche a la mañana un aparato A+ de última tecnología pasara de pronto a ser de clase B ó C”, incide Alberto Zapatero, director general de la Asociación Nacional de Fabricantes e Importadores de Electrodomésticos de Línea Blanca (Anfel). “Dentro de lo malo, lo que ha salido es lo mejor”, comenta por su parte Evangelina Nucete, técnico de eficiencia energética de la organización ecologista WWF España, que considera que para que el sistema siga siendo efectivo se debían mantener las letras a las que ya está acostumbrado el consumidor.
Aunque todo esto puede volver a cambiar: Esta nueva etiqueta deberá ser revisada en 2014 y tendrá que ser modificada si antes de esa fecha al menos una tercera parte de los productos de cualquier segmento comercial están ya dentro de las categorías A++ y A+++. Esto tampoco sería tan extraño, visto lo ocurrido con algunos electrodomésticos. Como detalla José Ángel Rupérez, responsable de Medio Ambiente de BSH Electrodomésticos España, una de sus lavadoras de 1994 consumía 0,26 kWh y 10 litros de agua por kilo de ropa lavada a 60º, una actual gasta 0,13 kWh y 7 litros. Según explica, estas reducciones son similares en el conjunto de los fabricantes. Así lo refleja también un informe del Joint Research Centre (JRC) de la Comisión Europea, “Electricity Consumption and Efficiency Trends in European Union”, que señala que el 96,7% de las lavadoras vendidas en la UE de los 15 entre los años 2002 y 2007 correspondían ya a la clase A ó A+. “Nosotros tenemos ahora lavadoras que consumen un 30% menos que una clase A y secadoras que gastan un 50% menos que una clase A”, indice Rupérez.
¿Se puede atribuir este significativo avance de los electrodomésticos a la etiqueta energética? Lo cierto es que resulta determinante que el consumidor disponga de información fiable de los productos para poder elegir bien. Sin embargo, el efecto no hubiese sido tan importante sin las ayudas dadas por las administraciones para la compra de equipos más eficientes, con los llamados Plan Renove de electrodomésticos. “Al principio, ni los tenderos sabían interpretar la etiqueta, pero con estos planes Renove ahora se ha tomado más conciencia y resulta un factor cada vez más decisivo en la compra”, incide Zapatero. En esto está también de acuerdo la experta en eficiencia de la organización ecologista WWF, aunque con un matiz. “En España sí han sido claves las ayudas, pero no tanto en el conjunto de Europa”, comenta Nucete. “La etiqueta ha sido un enorme éxito por su sencillez y ha tenido tanto éxito que ha colapsado”.
Sea lo que fuere, lo que está claro es que tener un producto más eficiente se ha convertido en estos sectores en un factor para vender más y esto ha espoleado la innovación tecnológica de las empresas. ¿Cuánto más se puede mejorar estos aparatos? Como destaca el representante de la empresa BSH, hay ya electrodomésticos en los que se piensa que se está tocando techo, pues el margen de mejora resulta cada vez más costoso, aunque también puede producirse un cambio tecnológico que baje de pronto el consumo. “Es lo que ha pasado en iluminación con la aparición de los LED”.
En el caso de BSH, también participa con otras marcas e Iberdrola en el proyecto de investigación GAD (Gestión Activa de la Demanda) para optimizar el consumo eléctrico en los hogares. Aquí no se trata de mejorar la eficiencia del aparato, sino del conjunto del sistema eléctrico para evitar las puntas de mayor consumo (en las que suele ser necesario recurrir a centrales eléctricas más contaminantes). Para ello se trabaja en protocolos de comunicación y dispositivos que permitan apagar a distancia o reducir la potencia de los electrodomésticos por los operadores del sistema en momentos de mayor demanda o en función de distintas tarifas. “Es más complicado de lo que parece, pero en el futuro se va a poder actuar directamente sobre millones de aparatos de nuestras casas”, incide Rupérez.

Antes que eso, todavía se puede investigar cómo reducir más el consumo de estos aparatos y seguir sustituyéndolos por los equipos más antiguos y derrochadores que todavía hay en las casas. “En España sólo un 43% de los hogares tiene lavavajillas, los españoles todavía son reacios a utilizar este electrodoméstico, cuando en realidad consume menos agua y energía que fregando a mano”, destaca Zapatero.
Con todo, la gran pregunta es: ¿Hasta qué punto estas mejoras sirven para reducir el consumo de las familias? El tener un frigorífico de máxima eficiencia puede servir de poco si luego se coloca al lado de un horno o si no se dejan de abrir sus puertas de forma permanente. Como incide Nucete, aunque los electrodomésticos que entran en las casas son cada vez más eficientes, la curva de consumo de energía de los hogares no había dejado de aumentar desde 1990 hasta los últimos años, en los que se han juntado temperaturas más cálidas y la crisis económica. “Hay que invertir en eficiencia, por supuesto, pero también hay que reducir el consumo para evitar el efecto rebote, nuestras casas se están llenando de todo tipo de aparatos”, incide la técnico en eficiencia de WWF. "Entre 1990 y 2008, los usos eléctricos en los hogares han aumentado un 40% mientras que los térmicos lo han hecho en un 13%".

Vía El País. EcoLab. Clemente Álvarez

¿Tapón de corcho, plástico o metal?

¿Puede un simple tapón cambiar todo un ecosistema? El corcho elaborado con la corteza de los alcornoques (Quercus suber) sigue siendo el sistema preferido para tapar botellas de vino, pero cada vez pierde más cuota de mercado en algunas partes del mundo frente a alternativas como el tapón de rosca de aluminio. El cambio va mucho más allá de la propia cultura del vino, pues el sector corchero y ecologistas advierten desde hace algunos años que puede tener graves implicaciones para las cerca de 2,2 millones de hectáreas de alcornocales del planeta, más de la mitad de ellas en Portugal y España.
¿Tapón de corcho, plástico o rosca de aluminio? Aunque en principio parece claro cuál es la mejor opción desde el punto de vista ambiental, resulta realmente complicado hoy en día encontrar comparativas fiables y datos rigurosos del impacto de estos tres tipos de tapones. Así lo corrobora el director del Instituto Catalán del Corcho, Manel Pretel, que espera contar pronto con un análisis del ciclo de vida (ACV) del sector, realizado por el Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales (ICTA) de la Universidad Autónoma de Barcelona. Con todo, este experto ha recopilado los distintos estudios realizados hasta ahora y ha buscado los valores medios de todos ellos. El corcho sale ganando con claridad. Así, por ejemplo, según estas estimaciones, teniendo en cuenta los análisis más favorables y los más desfavorables, el tapón de plástico supondría una media de unas seis veces más emisiones de CO2 que el corcho y el de rosca de aluminio de unas 15 veces más.
Son varios los motivos por los que han empezado a aparecer estos otros materiales en las botellas. Uno es el precio y los costes asociados al proceso de encorchado. Otro que en Australia o Nueva Zelanda no hay alcornoques. Es en estos países, junto otros como Chile o Argentina, donde crece con más fuerza la competencia al tapón de corcho. Hace unos años, la amenaza era sobre todo el plástico, pero parece que este material va perdiendo clientes y es ahora la rosca de aluminio la que va aumentando su cuota de mercado. Según la Agrupación Sanvicenteña de Empresarios del Corcho (Asecor), aunque el de la corteza de los alcornoque sigue siendo el tapón más utilizado, ya son sólo un 70% de las botellas de vino las que deben abrirse con la ceremoniosa operación del descorchado.
Los detractores del corcho alegan que este material natural puede sufrir a veces alteraciones que modifican el sabor del vino y, a la vez, los más puristas no conciben abrir una botella de calidad de otra forma que no sea con un sacacorchos. Sea como fuera, lo cierto es que estos movimientos en los mercados mundiales están abriendo el camino a la opción con más impacto ambiental. Y, en este caso, las consecuencias pueden ser especialmente graves, pues este pequeño tapón de poco más de cuatro centímetros de corcho está estrechamente vinculado a un ecosistema único y de gran valor restringido al sur de Europa y el norte de África.
Portugal es el principal productor mundial de corcho (con 157.000 toneladas en el año 2007), seguido de España (88.400), Italia (17.000), Argelia (15.000) o Marruecos (11.000). Para obtener la corteza del alcornoque no hay que talar el árbol, sino que se retira del tronco por medio de una complicada técnica denominada “descorche” o “saca”. La particularidad de esta especie es que, si se hace con cuidado respetando los plazos adecuados, al cabo de un tiempo esta gruesa capa con la que se fabrican los tapones se regenerará de forma natural y se podrá volver a quitar. Se trata de una forma sostenible de explotar el bosque, pero que depende en gran medida del valor económico del corcho. “La sostenibilidad económica es lo que hace que estos árboles sean conservados y todo esto se basa en el negocio del tapón”, incide Pretel. “Si el negocio falla, puede estar en riesgo todo el ecosistema”.
Poco tiene que ver esta forma de extracción de materiales con la de los otros tapones sintéticos o de aluminio. Tanto por su muy distinto impacto en el paisaje, como por el gasto de energía y las consiguientes emisiones de CO2. Es más, según el director del Instituto Catalán del Corcho, la retirada de la corteza de estos árboles constituye un factor que mejora la capacidad de estos bosques para absorber CO2. “Si estos bosques son gestionados y se tienen en cuenta criterios de sostenibilidad se captura entre tres y cinco veces más CO2 que si se dejan sin gestionar”, incide Pretel. “La humanización de estos árboles hace que absorban más”.
Hay muy distintos tipos de corcho, con muy distintas calidades. Desde los fabricados de una sola pieza de corteza de alcornoque, a los conglomerados de muchos trozos de corcho. Para la organización ecologista WWF España, que desde hace años defiende el uso de este material, el mejor tapón es el que tiene las siglas FSC, que certifican que procede de un bosque gestionado de forma sostenible. “El corcho ayuda a mantener el interés económico en este ecosistema para que se perpetúe en el tiempo, para evitar incendios forestales y que sean desplazados por otros usos”, asegura Elena Domínguez, de WWF España: “Corcho sí, pero todavía mejor certificado”.
Esta organización ecologista lanzó la semana pasada un proyecto para promover la mejor botella de vino desde el punto de vista ambiental: la unión de la viticultura ecológica y del tapón de corcho certificado con el sello FSC. “Es un producto ambientalmente redondo”, destaca la ecologista, que asegura que el que el tapón lleve las siglas FSC hará que el bosque sea menos vulnerable para enfrentarse al cambio climático.

Radiografía de unos vaqueros


¿Cuál es el impacto ambiental de unos pantalones vaqueros? La sorpresa cuando se analiza el ciclo de vida completo de esta prenda de vestir, desde el cultivo del algodón a lo que ocurre cuando se convierte en residuo, es que gran parte de sus efectos negativos se producen durante su uso, es decir, durante cada lavado y planchado. Así queda patente en el estudio de los impactos de unosLevi’s 501, aunque este trabajo elaborado por la propia Levi Strauss & Co ofrece sólo unos datos parciales. Resulta mucho más interesante el análisis de ciclo de vida de unos tejanos realizado de forma anterior por laAgencia del Medio Ambiente y el control de la Energía (Ademe) de Francia.
Este estudio se centra en unos vaqueros estándar de 666 gramos, con cuatro botones y seis remaches metálicos, producidos en Turquía y vendidos en Francia. Además, considera que los pantalones tienen una duración de cuatro años, que son utilizados de media una vez por semana y que son lavados en máquina a 40 grados de temperaturacada tres utilizaciones. ¿El resultado? En cinco de las 13 categorías analizadas no hay grandes diferencias en los efectos de producir la prenda, utilizarla para vestirse o deshacerse de ella al final de su ciclo de vida: cambio climático, acidificación del aire, contaminación fotoquímica, eutrofización y ecotoxicidad sedimentaria. Asimismo, en cuatro de las categorías se produce un impacto mayor en la etapa de fabricación: reducción de recursos no renovables, consumo de agua, reducción de la capa de ozono y ecotoxicidad acuática. Y en otras cuatro el principal daño ambiental ocurre por el uso de los pantalones: consumo de energía primaria, toxicidad en humanos, ecotoxicidad terrestre y residuos sólidos.
El trabajo, realizado por Bio Intelligence Service, con datos de la empresa de vaqueros Ober, sitúa el origen del algodón en plantaciones intensivas de India, y en menor medida de Uzbékistan y Egipto (los principales productores de este material, junto a China, EEUU o Pakistán). La cantidad de algodón cargado en cada uno de estos destinos es determinado en el estudio por la participación de estos tres países en el mercado mundial. Los cargamentos de India y Uzbékistan cubren un largo viaje por carretera, raíles o mar, de 7.500 y 11.000 kilómetros, respectivamente, hasta llegar al puerto de Singapur, y allí son embarcados para recorrer otros 10.000 km hasta Túnez. El trayecto desde Egipto es mucho más corto: 240 km en camión hasta el puerto de Alejandría y otros 1.886 por mar hasta Túnez. Tras confeccionar los pantalones en este país africano, todavía quedará embarcarlos de nuevo hacia Génova, Italia, y de ahí transportarlos en camión los más de 900 km hasta París.
El estudio llama la atención sobre las grandes necesidades de agua de los cultivos para producir el algodón, unos 7.000 litros por kilo de fibra, así como sobre la contaminación con pesticidas y herbicidas que se produce en esta etapa inicial. Luego hay que transformar este material en hilo y elaborar el tejido vaquero. Unos pantalones requieren de 1,5 m2 de tela, pero después se realizan distintos tratamientos para dar a esta prenda el aspecto de gastado con el que se quiere que llegue a las tiendas. El trabajo de Ademe analiza todos estos procesos, evalúa el impacto de los cuatro botones y de los remaches metálicos, contabiliza el consumo de energía en los desplazamientos y en cada parte del ciclo (la producción eléctrica en Túnez procede fundamentalmente de gas)… Paradójicamente, al final algunos impactos importantes asociados a ese pantalón van a depender más del programa que se utilice en la lavadora de casa, de la frecuencia con la que se laven o de que se emplee o no una secadora eléctrica. De hecho, a pesar de los miles de kilómetros que puede recorrer el algodón, el estudio calcula que el 70% del gasto de energía asociado a los pantalones se produce por su lavado y planchado.
La importancia de la etapa de uso de los vaqueros es todavía mayor en los resultados del análisis de ciclo de vida de los Levi’s 501. Según la evaluación llevado a cabo por Levi Strauss & Co, las emisiones de efecto invernadero asociadas a cada uno de estos pantalones serían de unos 32,3 kilos de CO2, correspondiendo el 58% de ellas a su lavado, secado y planchado. Asimismo, el gasto de agua sería de 3.480 litros por pantalón, utilizándose el 45% en la lavadora de casa.
Con todo, más allá de las estimaciones finales, que pueden ser más o menos acertadas o dirigidas, estos estudios resultan interesantes para identificar qué decisiones puede ser más importantes para minimizar el impacto ambiental de unos vaqueros, o de las prendas de vestir en general. De hecho, el trabajo francés analiza distintas opciones sobre las que puede elegir un consumidor tanto en la tienda de pantalones como frente a la lavadora de casa.
Por ejemplo, estudia qué ocurre cuando los vaqueros han sido fabricados con algodón procedente de agricultura ecológica (que no utiliza pesticidas ni abonos químicos). El resultado no cambia en lo que se refiere a las necesidades de agua de los cultivos, pero sí, de forma muy apreciable, en lo que concierne a la contaminación de recursos hídricos (que puede disminuir un 90%).
No hay muchas variaciones en los impactos cuando se evalúa la diferencia entre botones o remaches de acero inoxidablecobre olatón, o entre distintos tratamientos de los vaqueros. Sin embargo, sí hay cambios apreciables en la forma en qué se usen esos pantalones. En concreto, el estudio estima que, si en lugar de lavarlos cada tres utilizaciones, se hace cada cinco, los impactos se reducen entre un 3 y un 33%; y si se amplia aún más a cada 10 utilizaciones, la disminución entonces es de entre un 5 y 55%.
En la hipótesis de estudio, los pantalones se lavan a 60 grados de temperatura en una lavadora con etiqueta energética C. Como es de esperar, los impactos serán menores si se cambia este electrodoméstico por otro más eficiente de la clase A. Y aún bajarán más, si se utiliza un programa con agua fría. Según el estudio, esta última opción puede disminuir un 23% el gasto de energía en todo el ciclo de vida de los vaqueros.
De forma similar, tiene una gran importancia en los resultados finales el tiempo que duren los pantalones o si en lugar de meterlos en una secadora eléctrica se dejan colgados para que se sequen al sol.
Vía El País (EcoLab. Clemente Álvarez)

Huerto urbanos en Tokio

Pocas ciudades del mundo han sufrido una transformación tan radical en el último siglo como Tokio. La estampa agrícola típicamente japonesa que siempre caracterizó a la llanura de Kanto -donde está la capital- les queda hoy a los tokiotas a varias horas en tren. Fruto de esa añoranza, es fácil encontrar en los rincones más insospechados de esta megalópolis pequeños huertos urbanos emparedados entre dos edificios o exuberantes invernaderos situados en las azoteas de los mismos, muchas veces sustentados por los abuelos y abuelas que añoran los tiempos en los que el campo quedaba en la esquina de casa.
En los últimos tiempos el cultivo de vegetales comestibles se ha convertido en un nuevo pasatiempo para muchos habitantes de la capital japonesa y ha dejado de ser sólo cosa de jubilados. Detrás del fenómeno no sólo está la pasión por lo ecológico; también la creciente preocupación de los tokiotas por la seguridad alimentaria después de haberse destapado algunos casos de intoxicación relacionados con productos procedentes de China, el país que más vegetales exporta a Japón y también, el que sistemáticamente sigue despertando más suspicacia en los desconfiados nipones.
Varias empresas ya han tomado nota del nuevo fenómeno. Los grandes almacenes Tokyu Hands están vendiendo como churros un kit para cultivo de soja en interior que lanzaron hace poco, mientras que Soradofarm, una granja urbana que se inauguró en el tejado de la estación ferroviaria de Ebisu el año pasado, pretende satisfacer la fiebre agrícola de aquellos que no dispongan de un terrado o un huerto. Eso sí, a cambio de una cuota anual de unos 820 euros que permite explotar una parcela de tres metros cuadrados.
Incluso los restaurantes de comida rápida han tomado nota; la cadena Subway acaba de abrir un establecimiento en el distrito de Chiyoda que cultiva su propia lechuga con un sistema hidropónico a la vista del cliente. A un par de bloques de este local se hallan las nuevasdependencias de Pasona, una corporación japonesa especializada en recursos humanos que ha ido un paso más allá; se ha traído de vuelta el añorado arrozal -que durante siglos ha sido el pilar básico del país- a la ciudad. Hasta el punto de que lo ha metido literalmente dentro de la oficina.
Pasona ha diseñado las nueve plantas de su nueva sede como una granja y ha encasquetado en el edificio más de una hectárea y media de tierra cultivable en la que crecen más de 200 tipos de vegetales. Los dos primeros pisos están completamente abiertos al público: en la planta baja se han colocado un gran parterre cuajado de margaritas, un huerto hidropónico y un gran arrozal rodeado de macetas en las que brotan girasoles o berenjenas y junto al cual los oficinistas se reúnen a charlar.
En el segundo piso los empleados mantienen reuniones entre invernaderos, jardineras de plantas tomateras, pimientos y hierbas aromáticas o judías que crecen emparradas en el techo. Bajo sus asientos, se cultivan brotes de soja dentro de unos cajones. Éstos se cosechan cada diez días y se sirven en el comedor de la empresa junto con el resto de vegetales que crecen en el edificio, incluidos los 150 kilos de grano que se pueden cosechar cada año del arrozal.
Los encargados de regar y mantener por turnos la granja urbana, incluyendo las plantas y árboles frutales que crecen en los balcones de la fachada, son los propios empleados, por lo que durante la visita no es raro ver a un salaryman o a una office lady (nombre que reciben los oficinistas nipones) blandiendo una regadera o unas tijeras de podar.
Según la propia empresa, el objetivo no es sólo servir vegetales ecológicos a sus empleados, también crear un espacio verde (supuestamente, y pese a que el arrozal requiere un costoso equipo de iluminación, la granja reduce en dos toneladas la cantidad de CO2 emitido por el edificio cada año), disponer un ambiente que mejore la comunicación y el trabajo en equipo y, por último, intentar que sus empleados recuperen ese contacto con la naturaleza que hasta hace no mucho era algo completamente inherente a la identidad japonesa. Prueba de ello es que Chiyoda, el distrito donde está la oficina y que hoy es sinónimo de edificios, burocracia y atascos, significa en japonés "arrozal de las mil generaciones".
Vía El País

Terapia cuerpomente para tratar la fibromialgia

martes 27 de julio de 2010


 Una terapia "mente-cuerpo", que se enfoca en el papel de las emociones en el dolor físico, aliviaría la fibromialgia, de acuerdo a un pequeño ensayo.
Un estudio entre 45 mujeres con la enfermedad reveló que aquellas que habían aprendido a utilizar una técnica llamada "autoconciencia afectiva" eran más propensas a sentir una disminución significativa del dolor en seis meses.
El 46 por ciento registró una reducción del 30 por ciento en la gravedad del dolor, según una escala estandarizada. En cambio, ninguna de las participantes asignadas a una lista de espera sintió semejante efecto.
La fibromialgia es un síndrome que se caracteriza por un dolor generalizado (con molestias en ciertos puntos del cuerpo), fatiga, colon irritable y problemas para dormir. Afecta a hasta 5 millones de adultos en Estados Unidos, sobre todo mujeres de mediana edad.
Se desconoce su causa, debido a que no tiene manifestaciones físicas, como inflamación o daño del tejido en la zona dolorida. Algunos investigadores opinan que el trastorno incluye problemas en cómo el cerebro procesa las señales del dolor.
Los tratamientos incluyen analgésicos, antidepresivos, terapia cognitiva-conductual y fisioterapia. Aun así, los síntomas y el dolor se mantienen en muchos pacientes.
Eso no quiere decir que la sensación sea imaginaria, insistió el doctor Howard Schubiner, de St. John Health/ Providence Hospital and Medical Centers, en Southfield, Michigan.
"El dolor es muy real", dijo en una entrevista. Pero explicó que éste y las emociones están "conectados en el cerebro" y que los factores emocionales activarían "vías nerviosas conocidas" que dan inicio al malestar.
Para el estudio publicado en Journal of General Internal Medicine, el equipo de Schubiner evaluó los efectos de la autoconciencia afectiva, que el autor desarrolló y utiliza para tratar ciertas enfermedades que producen dolor crónico.
Al azar, el equipo indicó esa terapia a 45 mujeres con fibromialgia o las puso en una lista de espera (grupo de control). Las que recibieron tratamiento realizaron una consulta individual y, luego, concurrieron a tres reuniones grupales para aprender la técnica y aplicarla por su cuenta.
La terapia incluye el aprendizaje de la conexión entre las emociones y el dolor. Los pacientes aprenden técnicas como la meditación de conciencia plena y la escritura "expresiva" para reconocer y sobrellevar las emociones que activan el dolor.
El equipo halló que, a los seis meses, el 46 por ciento del grupo tratado sentía por lo menos un 30 por ciento menos dolor que al inicio y el 21 por ciento, un 50 por ciento o menos dolor.
El estudio es el primer ensayo clínico que prueba la autoconciencia afectiva contra la fibromialgia y cuenta con varias limitaciones, como el pequeño tamaño de la muestra y el hecho de que el grupo de control no recibió una terapia activa para comparar a ambos.
Eso es importante, porque es posible que los pacientes mejoren con solo recibir un poco de atención de un profesional de la salud o con participar en sesiones grupales con otras personas que tienen el mismo problema.

Los beneficios para la salud del taichí


Las rutinas de ejercicio de Tai Chi y Qigong ofrecen una variedad de beneficios significativos para la salud física y mental, según una revisión general de investigaciones previas.
Los investigadores revisaron 77 ensayos aleatorios controlados sobre el Tai Chi o el Qigong que se publicaron entre 1993 y 2007, e incluyeron a un total de 6,410 participantes. Los autores afirmaron que su revisión provee una "base de pruebas más potente" de que el Tai Chi y el Qigong ofrecen beneficios en términos de la salud ósea, aptitud cardiorrespiratoria, función física, equilibrio, calidad de vida, prevención de las caídas y salud mental.
La revisión aparece en la edición de julio y agosto de la revista American Journal of Health Promotion.
"Consideramos (los hallazgos) como un avance en la comprensión del potencial del Qigong y el Tai Chi, con un énfasis en la combinación de la evidencia sobre ambas prácticas", dijo la coautora Linda Larkey, de la Facultad de enfermería e innovación en atención de salud de la Universidad Estatal de Arizona, en un comunicado de prensa del Centro para el Avance de la Salud.
"El Tai Chi y el Qigong ofrecen muchos beneficios para la salud, y por tanto deben considerarse como una prioridad alta cuando se selecciona un ejercicio para practicar", señaló en un comunicado de prensa Shin Li, profesor del Centro de Medicina Integrativa de la Universidad de California, en Irvine.
Lin, que no participó en la revisión, explicó que el Qigong es un "término muy general para describir ejercicios que aumentan el flujo o equilibrio del qi". El término Qigong combina "qi", energía, y "gong", trabajo o ejercicio. El Tai Chi es una forma más específica de ejercicio que se enfoca en una serie de 24 a 108 movimientos.

La vitamina E reduce el riesgo de demencia


Los adultos mayores que consumen una gran cantidad de vitamina E a través de la comida tendrían menos riesgo de desarrollar demencia que el resto, de acuerdo a un nuevo estudio.
Un equipo halló que, entre 5.400 adultos en Holanda mayores de 55 años, el tercio que más vitamina E consumía mediante los alimentos era un 25 por ciento menos propenso a desarrollar demencia, incluida la enfermedad de Alzheimer, en la siguiente década.
Los resultados, publicados en Archives of Neurology, no prueban que la vitamina E proteja al cerebro. Los autores siguieron a los participantes por más tiempo que en la mayoría de los estudios previos sobre antioxidantes y demencia.
Su conclusión respalda la idea de que la vitamina E de los alimentos estaría asociada con una reducción del riesgo de desarrollar la enfermedad.
En teoría, los antioxidantes como las vitaminas E y C y el betacaroteno protegerían de la demencia porque interferirían en el proceso de degeneración de las células cerebrales.
Los antioxidantes neutralizan las formas inestables del oxígeno llamadas especies reactivas, que pueden dañar las células de todo el cuerpo.
Estas aparecen naturalmente en el organismo porque se derivan del metabolismo. Dado que el cerebro es un área con gran actividad metabólica, es especialmente vulnerable a la acumulación del daño oxidativo en el tiempo.
El equipo de la doctora Monique Breteler, del Centro Médico Erasmus, en Rotterdam, usó datos de 5.395 adultos mayores de 55 años sin demencia al inicio del estudio. Todos respondieron sobre sus hábitos alimentarios, con los cuales se estimó su consumo de las vitaminas C y E y el betacaroteno.
Durante la siguiente década, 465 participantes fueron diagnosticados con demencia, de los cuales 365 sufrieron Alzheimer.
En el tercio de hombres y mujeres que más vitamina E ingerían, 120 desarrollaron demencia. En el tercio que menos vitamina consumía, se registraron 164 casos.
Tras considerar varios factores, como la edad, la educación, el peso y el consumo de alcohol y tabaco, el alto consumo de vitamina E se mantuvo asociado con un cuarto menos de riesgo de desarrollar demencia.
El tercio de los participantes que más vitamina E consumían ingerían alrededor de 18,5 miligramos (mg) por día, poco más de los 15 mg diarios recomendados.
El equipo no excluyó la posibilidad de que otros factores explicaran la relación entre el consumo de vitamina E y la demencia. Tampoco se sabe por qué la vitamina E, y no la vitamina C o el betacaroteno, estuvo asociada con una reducción de la aparición de la demencia.
Las fuentes de vitamina E incluyen el germen de trigo, los frutos secos como las almendras, los aceites vegetales como el de girasol, y algunos vegetales verdes, por ejemplo, la espinaca o el brócoli. En el estudio, las principales fuentes fueron los aceites vegetales, la margarina y la manteca.
FUENTE: Archives of Neurology, julio del 2010.

Aprender música ayuda a aprender de todo


Aprender a tocar un instrumento puede cambiar su cerebro, de acuerdo a una revisión de la literatura en Estados Unidos, que demostró que las clases de música pueden ayudar a mejorar el habla y la capacidad de hablar un idioma extranjero.
Pese a que en el pasado se sugirió que escuchar a Mozart u otros músicos clásicos podía aumentar la inteligencia, existen pocas evidencias que demuestren que la música refuerza el poder cerebral.
Pero una revisión de datos de la Northwestern University combinó investigaciones que asocian el entrenamiento musical con el aprendizaje, incluyendo habilidades como el lenguaje, el habla, la memoria, la atención y hasta la emoción vocal.
La investigadora Nina Kraus dijo que los datos sugerían que las conexiones neurales creadas durante las clases de música también preparaban al cerebro para otros aspectos de la comunicación humana.
"El efecto del entrenamiento musical sugiere que, de forma similar al ejercicio y su impacto en el bienestar del cuerpo, la música es un recurso que tonifica el cerebro para la aptitud física y por lo tanto requiere que la sociedad reexamine el rol de la música en el desarrollo individual", dijeron los investigadores en su estudio.
Kraus señaló que aprender sonidos musicales podría fortalecer la habilidad del cerebro de adaptarse y cambiar, además de permitir al sistema nervioso proveer un andamiaje de patrones que son importantes para el aprendizaje.
El estudio, publicado en Nature Reviews Neuroscience, halló que aprender a tocar un instrumento acondiciona al cerebro para elegir qué es relevante en un complejo proceso que puede involucrar la lectura, el recordar una partitura, calcular tiempos y coordinar con otros músicos.
"La selectividad cerebral de un músico realza los elementos portadores de información del sonido", dijo Kraus en un comunicado.
"En una hermosa interrelación entre los procesos sensoriales y cognitivos, el sistema nervioso hace asociaciones entre sonidos complejos y lo que significan", explicó.
El estudio revisó la literatura que mostraba, por ejemplo, que los músicos son más exitosos que los no músicos a la hora de incorporar patrones del sonido para aprender un nuevo idioma.
Los niños que reciben entrenamiento musical son mejores para detectar los cambios de tono en el habla y tienen un vocabulario más amplio y una mejor capacidad de lectura que los niños que no aprenden música.
Los investigadores concluyeron que hay que invertir seriamente en recursos para incorporar clases de música en las escuelas, junto a rigurosos exámenes de sus efectos en la audición, el aprendizaje, la memoria, la atención, la lectura y la escritura.

La meditación mejora la concentración


En una investigación inspirada por monjes budistas, un nuevo estudio ha encontrado que la meditación aparentemente puede mejorar la capacidad de atención de una persona.
En el estudio participaron 60 personas que habían asistido a retiros de meditación y estaban familiarizadas con la práctica. Los investigadores asignaron a la mitad de los participantes a estudiar meditación budista durante tres meses en un retiro en Colorado, mientras que la otra mitad esperaba y funcionaba como grupo de control.
En tres momentos durante el retiro, los participantes tomaron una prueba computarizada diseñada para medir su capacidad de hacer distinciones visuales finas y sostener la atención visual. A medida que el retiro de meditación continuaba, los participantes mostraron mejoras en su capacidad de sostener la atención visual. Esta mejora continuó durante cinco meses tras el final del retiro, sobre todo entre los que siguieron meditando a diario, encontraron los autores del estudio.
"Las personas podrían pensar que la meditación es algo que les hace sentir bien, y que ir a un retiro de meditación es como irse de vacaciones, y para lograr estar en paz con uno mismo. Eso es lo que la gente piensa, hasta que lo intenta. Entonces, uno se da cuenta de lo difícil que es simplemente sentarse y observar algo sin distraerse", apuntó la autora del estudio Katherine MacLean en un comunicado de prensa de la Association for Psychological Science.
MacLean llevó a cabo el estudio mientras era estudiante de postgrado de la Universidad de California en Davis.
Los hallazgos del estudio aparecen en la edición de junio de la revista Psychological Science.

Decrecer para vivir mejor

lunes 5 de julio de 2010


Por Almudena Barragán (www.decrecimiento.info)
Producimos, consumimos y gastamos por encima de nuestras posibilidades. La versión dominante de las sociedades opulentas presenta el crecimiento económico como la solución que resuelve todos los males. El crecimiento garantiza la cohesión social, los servicios públicos se mantienen y el desempleo y la desigualdad territorial no aumentan. Falso. El crecimiento económico no genera necesariamente cohesión social; provoca problemas medioambientales, en muchos casos irreversibles, causa el agotamiento de recursos escasos que no estarán a disposición de generaciones futuras y permite el triunfo de un modo de vida esclavo, que nos dice que seremos más felices cuantas más horas trabajemos, más dinero ganemos y más bienes queramos consumir.
Existen palabras envenenadas que se venden con el dulzor del progreso, y contaminan a las personas con la idea del desarrollo a cualquier precio, según el escritor Serge Latouche. El desarrollo se halla impregnado, en los hechos, de todos los rasgos positivos y negativos, propios del crecimiento.
El desarrollo transforma en mercancía la relación entre los seres humanos y las que éstos mantienen con la naturaleza.
En su libro En defensa del decrecimiento, Carlos Taibo comenta que, para asegurar el bienestar de la humanidad, el Banco Mundial estima que la producción debería ser en 2050 cuatro veces superior a la de hoy, para lo que bastaría un crecimiento anual del 3%. La limitación de las materias primas del planeta invita a pensar que es inconcebible un PIB mundial de 172 billones de dólares, que es el que se registraría en 2050 (frente a los 43 billones de hoy). Con un crecimiento del 3% anual, el PIBfrancés se multiplicaría por 20 en un siglo, por 400 en dos y por 8000 en tres. En el caso de China, de mantenerse niveles de crecimiento anual del orden del 10%, el producto nacional bruto se multiplicará por 736 al cabo de un siglo. Las situaciones anteriores serían insostenibles.
Un decrecimiento de 1% anual permitiría economizar un 25% de la producción en 19 años y un 50% en 69.
Si a esto sumamos el crecimiento de la demanda de minerales del futuro, para proporcionar las cantidades necesarias para 11.000 millones de seres humanos que consumirán como lo hace en estos momentos la población rica del planeta, el 43% de las existencias de los 36 minerales más codiciados habrá desaparecido. Esto impediría garantizar petróleo, gas, carbón y uranio que necesitarían esos seres humanos para su modelo de consumo.
De igual manera, la alimentación de una persona en un país rico ocupa dos hectáreas de tierra. Para permitir que esos niveles de consumo alimentario se extiendan a 11.000 millones de personas, serían precisos casi dos planetas iguales.
Las expectativas de crecimiento de factores como la producción mundial La superficie regable, los fertilizantes, la oferta de pescado y las tierras disponibles para el cultivo de cereales han demostrado ser en exceso optimistas. La productividad biológica de la Tierra se está reduciendo y tiene límites.
Es necesario que los países ricos reduzcan la producción y el consumo para dejar de vivir por encima de sus posibilidades. Es urgente cortar emisiones que dañan peligrosamente el medio, además de que empiezan a faltar materias primas vitales.
Si se gasta más de lo que se consume de forma indefinida, la quiebra es inminente; parece increíble que no se emplee el mismo razonamiento a la hora de pensar en nuestro planeta finito y lo que el modelo de desarrollo actual está haciendo con los recursos.
Esta postura de decrecimiento no incluye a países que ni siquiera han podido alcanzar un mínimo nivel de crecimiento. Las exigencias de moderarse están dirigidas a un Norte capitalista que necesita frenar y analizar sus posibilidades, replegarse para no perecer. Es necesario que todos los países alcancen un nivel de vida equilibrado, que algunos decrezcan para que la vida siga floreciendo y otros puedan vivir mejor.

Greenpeace propone un pacto por la energía renovable


Greenpeace propone al Gobierno y a todas las fuerzas políticas un Pacto de Estado por la Energía 100% Renovable. Tras el anuncio de Miguel Sebastián, ministro de Industria, Turismo y Comercio, y de Cristóbal Montoro, portavoz económico del Partido Popular, de negociar un pacto energético entre PSOE y PP, la organización ecologista cree que dicho pacto debe garantizar la sustitución completa de las energías sucias, empezando por la nuclear y el carbón, por renovables y acabar con el derroche de energía, por razones ambientales, económicas y de seguridad de suministro.
El pacto que propone Greenpeace se apoya en la fijación de objetivos ambiciosos para 2020, avanzando sobre los objetivos mínimos a los que obliga la Directiva Europea de Energías Renovables. Precisamente mañana cumple el plazo para que el Gobierno presente en Bruselas el primer elemento obligatorio de dicha Directiva: el Plan de Acción Nacional de Energías Renovables (PANER), al que Greenpeace ha presentado alegaciones para que el objetivo de electricidad renovable para 2020 sea al menos de un 50%, como paso intermedio imprescindible para alcanzar un 100% renovable antes de 2050. (1)

En menos de una semana, más de 6.000 personas se han sumado a la petición que Greenpeace lanzó al ministro Sebastián para que no reduzca, sino que aumente, los objetivos de energías renovables en el PANER. (2)

“Un Pacto por la Energía sólo será beneficioso para la ciudadanía si la única “línea roja” que contempla es la sostenibilidad
. No podemos admitir más engaños de energías supuestamente baratas que no son capaces de hacer frente a los residuos o al cambio climático que generan”, ha declarado José Luis García Ortega, responsable de la campaña Cambio climático y Energía de Greenpeace España.


Greenpeace pide que el Pacto por la Energía Renovable incluya:

  • Fijación de plazos para la eliminación de las energías no renovables. No sólo no se puede dar ni un paso atrás en los únicos casos donde ya existe una fecha de cierre (como en el caso de la nuclear de Garoña), sino que se debe acordar un calendario para el abandono de todas las demás energías sucias.
  • Incremento progresivo de la participación de las renovables en el sistema energético hasta el 100% no más tarde de 2050. Un primer escalón sería el objetivo de un 50% de electricidad renovable para 2020.
  • Reducción progresiva de la importación de fuentes de energía primaria.
  • Señal de precio para la eficiencia. Transparencia en precios y tarifas, que reflejen los costes reales para evitar el engaño que supone “falsear” las tarifas y el déficit que endeuda a los consumidores.
  • Permitir el autoconsumo de energía solar fotovoltaica.
  • Separación patrimonial completa entre las empresas que poseen las redes de transporte y distribución y las que poseen las centrales de generación.

  • Eliminación de subvenciones a todas las energías:

- No más subvenciones al uso de combustibles fósiles.

Cada empresa que venda energía debe hacerse responsable íntegramente del coste de los residuos  generados por la fuente de energía que utilice,durante todo el tiempo en que dichos residuos resulten peligrosos, así como de cubrir completamente el riesgo de daños en caso de accidente. 

- Internalización plena de costes ambientales y sociales: gases invernadero, contaminantes atmosféricos, residuos radiactivos y no radiactivos, cobertura del riesgo de accidentes nucleares... Tasa ambiental a todos los productores de energía no renovable, para financiar la transición de las renovables por su curva de aprendizaje y para incentivar la eficiencia en el uso final.

- El criterio “beneficio razonable” debe hacerse extensivo a todas las centrales de generación de electricidad: una vez amortizadas, debe haber un límite de tiempo máximo para poder cobrar el precio del mercado.

- Definición de horizonte temporal para la eliminación de primas al régimen especial, particularizado por tecnología. Cuando una tecnología haya recorrido su curva de aprendizaje no se le deberán dar más apoyos.


Greenpeace reclama el derecho a participar en las discusiones sobre el pacto energético
, e invita a discutir su propuesta de Pacto por la Energía Renovable al Gobierno, partidos políticos, empresas y sus asociaciones, organizaciones ecologistas, sindicales y resto de la sociedad civil.

“Necesitamos una política energética clara y estable, basada en criterios transparentes, donde quede claro cuál es la ruta que queremos seguir, que no puede ser otra que la de las energías renovables y la eficiencia energética”, ha añadido García Ortega.

La soja reduce la acumulación de grasa


Un pequeño estudio reveló que los suplementos de soja ayudarían a adelgazar a las mujeres en la posmenopausia, pero con diferencias étnicas.
Mientras que las mujeres blancas perderían más grasa abdominal, en las afroamericanas se reduciría más el nivel total de grasa corporal.
Dado que la cantidad de estrógeno cae cuando desaparece la menstruación, la hipótesis es que las propiedades de la soja similares al estrógeno ayudarían a sobrellevar los síntomas. Pero los estudios obtuvieron distintas conclusiones.
El equipo del doctor Daniel R. Christie, de la Escuela de Medicina de la University of Alabama, en Birmingham, utilizó batidos con 20 gramos de proteína de soja y 160 miligramos (mg) de isoflavonas de soja, o batidos placebo con una proteína láctea llamada caseína.
Dieciséis afroamericanas y 17 blancas bebieron los batidos todos los días, durante tres meses.
A los tres meses, no se registraron diferencias radiológicas en el porcentaje de grasa corporal total entre el grupo tratado con ambos batidos.
Pero estudios por tomografía computada (TC) identificaron un 7,5 por ciento menos de grasa abdominal en las mujeres tratadas con soja, versus un 9 por ciento más de esa grasa en el grupo tratado con el batido placebo.
Las afroamericanas que bebieron el batido con soja adelgazaron 1,8 kilos y las blancas bajaron apenas 0,8 kilos. Pero mientras que las blancas habían perdido grasa visceral (alrededor de los órganos en el abdomen), en las afroamericanas había aumentado.
La grasa abdominal aumenta el riesgo de desarrollar enfermedades como diabetes, hipertensión y enfermedad coronaria.
Las blancas perdieron más grasa abdominal y las negras, más grasa corporal total.
Si bien "son poco claras" las causas de esta diferencia étnica, los autores del estudio, publicado en American Journal of Obstetrics & Gynecology, escribieron que las blancas tienen más grasa visceral y, por lo tanto, tendrían "más para perder en respuesta al tratamiento".
Pero otra experta en soja y composición corporal, que no participó en el estudio, dijo que el tamaño de la muestra (33 personas) es demasiado pequeño como para sacar conclusiones sobre las diferencias étnicas.
"Además, el estudio fue muy corto", dijo la doctora Oksana A. Matvienko, de la University of Northern Iowa, en Cedar Falls.
En su estudio, publicado en febrero, controló a 229 mujeres posmenopáusicas tratadas con placebo o tabletas de isoflavonas de soja (dosis de 80 o 120 mg) durante un año. El equipo no halló diferencias en la composición corporal entre los grupos comparados durante 12 meses.
Matvienko dijo que las TC son más sensibles que las radiografías, lo que explicaría por qué el equipo de Christie registró cambios en la grasa abdominal que su equipo no halló. Tampoco se sabe si esos cambios serían suficientes como para mejorar la salud femenina.
Según la investigadora, una explicación posible de los resultados obtenidos en el nuevo estudio sería que las mujeres recibieron proteína e isoflavonas de soja. En el suyo, en cambio, las mujeres sólo habían tomado isoflavonas.
El equipo afirmó que "se desconoce si la reducción de la grasa abdominal hubiese continuado si las mujeres hubiesen seguido tomando el suplemento".

Las ventajas de la leche de vaca alimentada con pasto


La leche es buena para la salud, pero mucho mejor puede ser la que proviene de vacas alimentadas mediante el pastoreo y no en corrales, de acuerdo a un estudio en Estados Unidos.
Investigaciones previas habían demostrado que las vacas que comen pasto fresco producen leche con cinco veces más de grasa insaturada, llamada ácido linoleico conjugado (CLA por su sigla en inglés), que las que ingieren granos procesados.
Estudios en animales sugirieron que el CLA puede proteger al corazón y ayudar a bajar de peso.
Hannia Campos, de la Escuela de Salud Pública de Harvard, en Boston, y su equipo hallaron que entre 4.000 personas, aquellas con las mayores concentraciones de CLA tenían un 36 por ciento menos de probabilidad de sufrir un ataque cardíaco, en comparación con quienes tenían los niveles más bajos.
Los resultados se mantuvieron incluso cuando los investigadores tuvieron en cuenta factores de riesgo de la enfermedad cardíaca como la hipertensión y el tabaquismo.
Campos dijo que los nuevos datos, publicados en el American Journal of Clinical Nutrition (http://www.ajcn.org/cgi/content/abstract/ajcn.2010.29524v1), sugieren que el CLA ofrece beneficios para el corazón que podrían más que compensar los efectos nocivos de la grasa saturada en la leche.
"Dado que el pastoreo genera un mayor CLA en la leche y que es el alimento natural del ganado, parece que habría que poner un mayor énfasis en este tipo de alimentación", dijo a Reuters Health.
Los productos lácteos en Estados Unidos provienen casi exclusivamente de ganado alimentado en corrales y la leche vacuna es la fuente primaria de CLA. La carne contiene una pequeña cantidad.
Para el estudio, Campos y su equipo analizaron la situación en Costa Rica, donde el pastoreo de vacas lecheras sigue siendo la norma.
Los expertos identificaron a casi 2.000 costarricenses que habían sufrido un ataque cardíaco no fatal y a otros 2.000 que no habían tenido episodios cardíacos, y luego midieron la cantidad de CLA en sus tejidos grasos para estimar el consumo de cada persona.
Dado que el CLA típicamente viaja con una variedad de grasas, los investigadores dieron un paso más allá para separar sus efectos de los de sus compañeros predominantemente nocivos. La diferencia de riesgo atribuida al CLA subió al 49 por ciento.
"La leche y los productos lácteos enteros han tenido una pésima reputación en los últimos años debido a su contenido de grasa saturada y colesterol, y ahora hallamos que el CLA podría ser increíblemente beneficioso para la salud", dijo Michelle McGuire, portavoz del editor de la revista, la Sociedad Estadounidense de Nutrición.
"¡La leche entera no es la mala de la película!", exclamó.